El conflicto que divide a una de las familias más poderosas del ámbito empresarial y cultural del país sumó un capítulo de extrema tensión. María Teresa Correa Ávila, conocida universalmente por su nombre artístico como Teresa Costantini, decidió hacer público su descargo frente a las demandas legales que enfrenta por parte del fundador del MALBA, una disputa que contaría con la influencia de la actual esposa del empresario, Elina Costantini.
“Tengo 76 años, cuarenta de carrera artística y un apellido con el que firmé cada película, cada obra, cada guión. Hoy enfrento una demanda para que deje de usarlo”, manifestó de forma directa la directora, plantando una firme postura defensiva sobre lo que considera un avasallamiento a su identidad y a su dilatada trayectoria en el cine y el teatro nacional.
Cuatro décadas de trayectoria firmadas con su nombre
Para la cineasta, el reclamo judicial impulsado por el entorno del empresario carece de sustento ético y profesional, argumentando que su nombre ya pertenece al patrimonio cultural y de registro de la propiedad intelectual de la industria audiovisual:
Los créditos oficiales de sus largometrajes, cortometrajes y documentales.
Los programas de mano de sus puestas en escena y producciones teatrales.
Los catálogos de festivales de cine nacionales e internacionales que programaron sus obras.
Los registros legales de la compañía cinematográfica y la fundación sin fines de lucro que creó y preside.
“Todo eso existe y seguirá existiendo independientemente de lo que resuelva cualquier tribunal”, sentenció con orgullo, dejando en claro que su producción artística ya quedó sellada en la historia de la cultura argentina bajo ese sello identitario.
La dolorosa batalla en el Tribunal Eclesiástico
Más allá de la controversia por el uso del apellido en los ámbitos comerciales y artísticos, Teresa Costantini confesó que el golpe más duro proviene del plano espiritual y de las convicciones religiosas. Según reveló, el empresario inició una causa paralela en la Iglesia Católica para conseguir la nulidad de su matrimonio bajo argumentos que considera inverosímiles.
"Además de la batalla por el apellido, tengo otra en el tribunal eclesiástico para anular mi matrimonio ya que él alega 'falta de madurez' al casarnos".
Frente a esta presentación, la actriz respondió con ironía y decepción, recordando la solidez que tuvo la pareja en el pasado: “Una unión que duró 28 años, 5 hijos concebidos, buscados, criados. Y una renovación de votos al cumplirse las bodas de plata: si eso es inmadurez, resulta difícil imaginar qué forma podría tener la madurez”. Hasta el momento, el desarrollador inmobiliario ha optado por el silencio y no emitió comentarios públicos respecto al duro descargo de la madre de sus hijos mayores, en una causa que promete seguir sumando cruces en los tribunales de familia.






