La ciudad de la Amistad se vio sacudida por un hecho luctuoso que puso en evidencia una problemática que se repite cada fin de semana. En el programa "Actualidad Política", conducido por Ariel Sequeira y Gabriel Álvarez en Radio LV11, se abordó la triste noticia del fallecimiento de una adolescente durante una picada clandestina, evento que ha generado indignación y conmoción en todo el departamento.
El periodista Pablo Barrionuevo relató en exclusiva para la emisora cómo estas prácticas, denominadas coloquialmente como "domingrau", se han vuelto parte de un paisaje habitual en Frías. Según detalló, cientos de jóvenes se congregan después de la medianoche para realizar carreras ilegales sin ningún tipo de protección, bajo el peligroso uso de escapes libres y a altas velocidades.
La gravedad del asunto trasciende la falta de medidas de seguridad vial. Barrionuevo hizo hincapié en la falta de límites y en la ausencia de hábitos responsables por parte de los jóvenes, muchos de los cuales son menores de edad que conducen sin casco, sin luces y en contramano, ante la mirada impotente de los vecinos y los escasos operativos de control policial.
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Un reclamo social desesperado
Los vecinos de distintos barrios de Frías han expresado su agotamiento ante esta situación. La presencia de motocicletas circulando a altas horas de la madrugada, muchas veces acompañadas de música a alto volumen y picadas en rutas nacionales y provinciales, ha llevado a las familias a realizar constantes reclamos ante las autoridades municipales y policiales, aunque hasta el momento, las respuestas han sido insuficientes para frenar el fenómeno.
La responsabilidad familiar y el rol del Estado
El análisis también apuntó a la desatención familiar. Barrionuevo destacó que muchos de los involucrados son estudiantes secundarios y que, en gran medida, los padres desconocen o se desentienden de las actividades nocturnas de sus hijos. A la falta de supervisión en el hogar se le suma la necesidad de una intervención estatal más rigurosa, que no solo implique controles esporádicos, sino una política pública de seguridad vial que proteja la vida de los jóvenes y garantice la tranquilidad de la comunidad.





