El consumo interno en la Argentina profundizó su senda contractiva, alcanzando a productos de la canasta básica como alimentos, carnes y lácteos, además de rubros durables e inmuebles. De acuerdo con un relevamiento de la consultora Vectorial sobre 52 indicadores de fuentes públicas y privadas, apenas el 25% de las variables analizadas muestra una evolución favorable, mientras que el 75% restante refleja estancamiento o variaciones negativas.
El informe advierte que el deterioro del poder adquisitivo responde al estancamiento de los salarios reales en un contexto de topes a las paritarias, sumado al incremento en costos fijos como tarifas de servicios, alquileres, transporte y combustibles. A ello se suma la desaceleración del crédito al consumo por el incremento en la tasa de morosidad.
Disparidad entre indicadores masivos y Cuentas Nacionales
Las cifras del consumo masivo contrastan con el discurso del Poder Ejecutivo, sustentado en los datos agregados de Cuentas Nacionales que elabora el INDEC:
Perspectiva del Gobierno: el Presidente reivindicó recientemente máximos históricos en el producto interno bruto (PIB) y en el consumo privado agregado, el cual registró una suba interanual del 2,7% en el primer trimestre de 2026.
Análisis del consumo masivo: desde la consultora Vectorial precisaron que la medición agregada del INDEC computa variables heterogéneas, tales como la importación de bienes finales o vehículos de alta gama, lo que oculta la retracción del gasto en bienes de primera necesidad y la pérdida del poder de compra en los sectores medios y bajos.
Según el relevamiento, la contracción de la demanda abarca además a farmacias, indumentaria, venta de electrodomésticos, despachos de cemento y servicios de turismo y gastronomía, confirmando un enfriamiento generalizado de la actividad comercial interna.






