Un potente terremoto de magnitud 7,4 sacudió el sur de México este viernes y se percibió con fuerza en Guatemala y El Salvador, provocando escenas de fuerte tensión entre los habitantes y obligando al despliegue inmediato de las fuerzas de seguridad y protección civil. De acuerdo con las mediciones oficiales del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), el epicentro del fenómeno natural se localizó a 48 kilómetros al sudeste de la localidad de Aquiles Serdán, en el estado de Chiapas, una región geológicamente inestable debido al constante rozamiento de las placas tectónicas.
Monitoreo preventivo ante un posible cambio de mareas
Apenas se registró el temblor, el Gobierno de México activó los protocolos de contingencia correspondientes para realizar relevamientos de infraestructura en las zonas urbanas y rurales más próximas al epicentro. El secretario de Marina de México, Raymundo Morales Ángeles, llevó tranquilidad a la población al confirmar que, en base a los primeros reportes de los comités locales, no se registraron daños estructurales graves en viviendas ni víctimas que lamentar.
No obstante, las autoridades navales emitieron una advertencia específica para las poblaciones costeras: debido a la intensidad del movimiento telúrico, se prevé un incremento en el nivel del mar de aproximadamente medio metro. Por tal motivo, la Secretaría de Protección Civil de Chiapas solicitó formalmente a los ciudadanos y turistas alejarse de las playas y las zonas portuarias hasta que el comportamiento de las mareas regrese a sus parámetros habituales.
Alerta compartida en territorio centroamericano
El sismo traspasó las fronteras mexicanas y se sintió con intensidad en los países vecinos de Centroamérica. Tanto en Guatemala como en El Salvador, los comités de emergencia de protección civil iniciaron recorridos preventivos de supervisión y activaron sus canales de comunicación directa con las comunidades del interior para detectar posibles derrumbes en zonas montañosas o grietas en edificios antiguos.
Este nuevo terremoto se produce pocas semanas después de una seguidilla de movimientos sísmicos de consideración en la región del Pacífico americano, un escenario que mantiene en alerta máxima a los organismos de prevención de catástrofes ante el riesgo de réplicas.






