La mañana de aquel frío 30 de enero, John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr subieron a la azotea del edificio de Apple Corps, en Savile Row, para tocar durante unos 40 minutos ante empleados, transeúntes curiosos y cámaras de filmación. El show formaba parte del proyecto Get Back, que buscaba mostrar a la banda regresando a sus raíces, tocando en vivo y sin artificios, en un momento marcado por tensiones internas y desgaste creativo.
Durante la presentación interpretaron temas que luego se volverían clásicos, como Get Back, Don’t Let Me Down, I’ve Got a Feeling, One After 909 y Dig a Pony, algunas de ellas repetidas en distintas tomas. La actuación fue interrumpida cuando la policía se acercó al edificio tras recibir quejas por el volumen, dando lugar a un final tan caótico como legendario. La imagen de los Beatles tocando mientras un agente intenta detenerlos se transformó en un símbolo del espíritu rebelde del grupo.
Aquel recital terminó siendo la última vez que The Beatles tocaron juntos en vivo. Meses después se publicaría el álbum Let It Be y, en 1970, la banda anunciaría oficialmente su separación. Con el paso de los años, el concierto de la azotea se consolidó como un momento irrepetible: un adiós sin saberlo, espontáneo y urbano, que confirmó por qué los Beatles no solo cambiaron la música, sino también la forma de vivirla.