En el corazón del suroeste de Alaska, una política de manejo de fauna ha desatado una ola de críticas y demandas judiciales. Entre 2022 y 2025, el Departamento de Pesca y Caza implementó un programa de eliminación de depredadores —en su mayoría osos grizzlies— con el objetivo de aumentar la supervivencia de las crías de caribú.
La población del rebaño Mulchatna sufrió un colapso histórico: de los 200.000 ejemplares registrados en los años 90, la cifra se desplomó a apenas 12.000 en 2022. Ante este escenario, organizaciones tribales respaldaron la intervención estatal como una medida desesperada para proteger la seguridad alimentaria y la cultura de las comunidades originarias de la región.
Un repunte bajo la lupa científica
Desde que se intensificó la matanza de depredadores y se prohibió la caza del caribú en 2021, el rebaño mostró una leve recuperación, alcanzando los 16.000 animales (un 30% de aumento). Sin embargo, biólogos como Jeff Stetz advierten que es apresurado atribuir este crecimiento exclusivamente a la eliminación de osos y lobos.
Para muchos expertos, la malnutrición y enfermedades como la brucelosis son factores más determinantes que la depredación. "Si el hábitat es el verdadero problema, eliminar depredadores no sirve de mucho", explicó Patrick Walsh, del Refugio Nacional de Vida Silvestre Togiak, señalando que la degradación del entorno natural podría ser la verdadera causa del declive.
Demandas y el impacto del cambio climático
El programa enfrentó bloqueos legales por parte de organizaciones como Alaska Wildlife Alliance, que califican el operativo como una "masacre" sin sustento científico suficiente. Jueces estatales han frenado los vuelos en diversas ocasiones alegando falta de consulta pública y la necesidad de garantizar la viabilidad de la población de osos en el estado, que ronda los 30.000 ejemplares.
Por otro lado, informes de la NOAA revelan que las poblaciones de caribú en el Ártico han caído un 65% en las últimas décadas debido al calentamiento global y la expansión industrial. En el caso del Mulchatna, la variabilidad climática y el sobrepastoreo parecen ser motores clave que el control de depredadores no logra solucionar.
El caribú: Corazón de la cultura local
Para habitantes de comunidades como la Yup’ik, el caribú es el eje de su economía de subsistencia en una zona donde los productos importados tienen precios prohibitivos. Mientras algunos sectores indígenas ven el programa como una señal de esperanza, otros expertos de la misma comunidad sostienen que la estrategia choca con los valores tradicionales y no ataca las raíces del problema: el clima y el hábitat.
El Alaska Board of Game revisará los resultados del programa en 2028. Hasta entonces, el dilema persiste entre quienes exigen medidas urgentes para salvar una fuente de alimento ancestral y quienes piden proteger el equilibrio natural de un ecosistema que ya se encuentra bajo la presión del cambio climático.