La Confederación General del Trabajo (CGT) atraviesa una etapa de redefinición tras no lograr frenar la reforma laboral en los tribunales. Luego de que la Cámara Nacional de Apelaciones confirmara el rechazo a su cautelar, la cúpula cegetista busca salir del "laberinto" judicial mediante la creación de un observatorio de estadísticas socioeconómicas. Este "INDEC propio" contará con el soporte técnico de la Universidad de Buenos Aires para auditar la inflación, el costo de la canasta básica y los niveles de desocupación.
El objetivo de esta maniobra es doble: por un lado, contar con herramientas técnicas "confiables" para disputar el relato oficial de la gestión de Javier Milei; por el otro, fortalecer su posición en unas paritarias que se anticipan complejas. Con la pauta oficial intentando cerrar acuerdos por debajo del 2%, los sindicatos pretenden que sus propios números sirvan como base para las negociaciones colectivas y para tender puentes con sectores empresariales afectados por la caída del consumo.
Desconcierto en las bases y pugna por la calle
La dirigencia sindical observa con preocupación un fenómeno inédito: sectores de trabajadores afectados por despidos o suspensiones muestran una mayor animadversión hacia la gestión anterior que hacia el actual plan económico. Este factor, sumado al temor por la pérdida del empleo, ha mantenido la conflictividad social en niveles inferiores a los esperados, a pesar de que la desocupación escaló al 7,5% al cierre del año pasado.
A este complejo panorama se suma la presión interna. El ala dura, nucleada en el Frente de Sindicatos Unidos (FRESU) y las dos CTA, le disputa a la CGT el control de la calle y la representación en los conflictos más agudos. Mientras tanto, otras vertientes como la CATT, liderada por Juan Carlos Schmid, atraviesan procesos de reacomodamiento tras la salida de gremios estratégicos como la Unión Ferroviaria.
El horizonte político hacia 2027
Conscientes de que la resolución final del conflicto es política, los líderes sindicales ya comenzaron a proyectar el escenario electoral para 2027. La división, sin embargo, persiste en el ADN peronista. Mientras un bloque importante se alinea detrás del proyecto presidencial de Axel Kicillof, otros sectores de la central obrera exploran alternativas disruptivas, incluyendo figuras ajenas a la política tradicional que puedan aglutinar el descontento social.