La Colonia Jaime es mucho más que un asentamiento rural; es un ecosistema donde la filosofía y la productividad convergen para demostrar que la vida comunitaria es posible en pleno siglo XXI. Así lo describieron Marcela Lazo, su presidenta, y Ángel Juricich, responsable de producción, en una visita a los estudios de Radio LV11 que permitió desglosar los pilares de esta institución con 92 años de historia.
Los cuatro pilares y la tecnología del Biogás
La estructura de la Colonia se sostiene sobre el estudio de la filosofía, el trabajo productivo, la convivencia y la función social. Sin embargo, Marcela aclaró con humor: "Dicen que en el campo se vive sin estrés; no es nuestro caso, siempre estamos con actividades".
Una de las más relevantes actualmente es el proyecto de Biogás. A través de un sistema de tratamiento de efluentes en el criadero de cerdos —desarrollado junto al INTI y la Secretaría de Ciencia y Tecnología—, la comunidad ya genera gas combustible. "Tenemos un biodigestor que genera biogás con el estiércol de las vacas y se usa en la cocina comunal, donde comemos las 101 personas juntas", detalló la presidenta.
Innovación en la tierra: De la alfalfa al vino
Ángel Juricich, encargado de las áreas productivas, sorprendió al anunciar la incursión de la Colonia en la vitivinicultura. Con el asesoramiento de expertos de Mendoza y tras observar el éxito de otras bodegas santiagueñas, han implantado variedades como Malbec, Cabernet Sauvignon, Marselan y Chardonnay.
"La uva de vino no necesita un terreno rico, con lo más pobre es mejor para que tenga ese 'terroir' del lugar", explicó Ángel. A pesar de los desafíos climáticos, la comunidad ya cuenta con sus primeras cosechas experimentales, recuperando una tradición que existió en los orígenes de la Colonia pero ahora potenciada con tecnología moderna.
Educación y Proyección Internacional
El impacto de la Colonia trasciende sus fronteras. Con 29 años de trayectoria en su programa de Centro de Aprendizaje, la institución ha firmado convenios con la UNSE y se prepara para rubricar acuerdos específicos con la Facultad de Ciencias Médicas. Además, la labor de Marcela ha cruzado fronteras: recientemente fue invitada a participar en una conferencia de la Red de Círculos Pacificadores en Estados Unidos para hablar sobre la paz y el bien común.
El desafío de la convivencia
Vivir sin sueldos, con un fondo común y compartiendo cada comida requiere un trabajo emocional constante. "La convivencia es un desafío porque somos 100 personas que pensamos diferente", confesó Marcela. Sin embargo, destacó que ese "clima armónico" que percibe el visitante es el resultado de procesar las debilidades y limitaciones en conjunto. Eso sí, la fraternidad tiene un límite: "Llega hasta la cancha de fútbol; el domingo en el comedor, entre hinchas de River y Boca, se terminó la paz", bromearon.