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Hojas desteñidas, orugas en la ropa y ¿telas de araña?: el fenómeno que afecta los árboles santiagueños

18/04/2026

Seguro notaste el follaje marchito y esos finos hilos colgantes en las campanillas amarillas de la ciudad. El impacto de una plaga estacional que altera el ecosistema de las veredas santiagueñas.

En el paisaje habitual de las veredas, parques y platabandas de Santiago del Estero, es una postal concurrente encontrarse con aquellos ejemplares de follaje fino y delicado que, en los días de sol, resplandecen con sus vibrantes flores amarillas. Estos árboles, las Thevetia peruviana —más conocidas popularmente como campanillas amarillas o simplemente tevetias—, son una parte fundamental de nuestro arbolado urbano por su resistencia y belleza ornamental. Sin embargo, en las últimas semanas, esta imagen familiar ha experimentado una transformación curiosa para algunos o alarmantes para otros. El verde vigoroso que las caracteriza se ha tornado en un aspecto deslucido, castaño y seco, casi impropio de la estación.

Como se observa, hileras enteras de estos árboles presentan sus ramas desnudas o cubiertas por un follaje muerto, desprovisto de vigor. Este cambio repentino ha encendido las alarmas entre los vecinos, quienes observan con preocupación el deterioro sistemático de estas especies. ¿Qué fenómeno o invasor silencioso está detrás de este marchitamiento masivo de las tevetias? En este informe, profundizamos en las causas de esta problemática que afecta silenciosamente nuestro pulmón verde urbano.

La campanilla amarilla

La amplia presencia de la campanilla amarilla en la ciudad responde a una razón puramente adaptativa. Esta especie ornamental se destaca por su extraordinaria capacidad para soportar las altas temperaturas y los prolongados períodos de estrés hídrico, condiciones ineludibles del duro clima santiagueño. A esta resistencia natural se suma su innegable atractivo visual: sus llamativas flores amarillas en forma de embudo no solo iluminan el paisaje de las calles, sino que funcionan como un imán constante donde se posan las abejas y otros polinizadores locales. Su follaje perenne, sumado a un rápido crecimiento y un bajo nivel de mantenimiento, terminan por consolidarla como la opción predilecta para garantizar vida y color en nuestras veredas durante todo el año.

Sin embargo, la tradicional postal de hojas verdes y flores vibrantes presentó cambios drásticos en su apariencia durante el último tiempo, y esto tiene una explicación. El fenómeno obedece a una dinámica específica y se manifiesta puntualmente en esta época del año. Las condiciones actuales de temperatura y humedad configuran el escenario ideal para el desarrollo del ciclo biológico de un pequeño, pero voraz insecto.

La Palpita flegia

Así se llama el motivo de la apariencia desmejorada de nuestros árboles. La Dirección de Parques y Paseos de la Municipalidad de la Capital confirmó que el responsable de este deterioro en la flora urbana son las orugas de la "mariposa blanca de las tevetias" (Palpita flegia). En su etapa adulta, esta polilla satinada presenta alas de un blanco brillante y una fina vena azul, un aspecto inofensivo que contrasta radicalmente con el daño voraz que causan sus larvas.

Estas orugas son especialistas: atacan de forma exclusiva a las Thevetia peruviana (campanillas amarillas). Al no afectar a ninguna otra variedad arbórea cercana, el daño resulta extremadamente focalizado, dejando hileras enteras de tevetias marchitas mientras el resto de la vegetación vecina permanece intacta, lo que genera un impacto visual ineludible en las calles.

Para comprender cómo un insecto tan pequeño logra marchitar un árbol de este porte en cuestión de semanas, es necesario observar su método de alimentación. El daño no es instantáneo, sino el resultado de un proceso biológico sumamente metódico. Las orugas se asientan principalmente en el envés (la parte inferior) de las hojas y, en lugar de consumir la estructura completa, raspan sistemáticamente la epidermis, la capa superficial responsable de su intenso color verde.

Tras este accionar, la hoja queda reducida a una estructura translúcida y esquelética, un simple tejido de venas sin clorofila. Al perder su capacidad para realizar la fotosíntesis y su protección natural, el follaje se seca de forma inevitable y adopta el tono castaño que vemos últimamente en las campanillas amarillas. Si bien el árbol no muere de forma inmediata, sufre una severa defoliación y un cuadro de estrés extremo, lo que le otorga esa apariencia general de estar completamente seco.

¿Y sirven?

Directamente, no. Son una plaga urbana estacional. Sin embargo, su presencia es un recordatorio de la fragilidad del ecosistema urbano y de los ciclos de la naturaleza. Y hay datos curiosos sobre ellos.

Uno de estos datos resuelve un escenario habitual en nuestras calles: al transitar bajo la copa de estos árboles, es frecuente toparse con finos hilos que penden en el aire, similares a telarañas, y que terminan adheridos a la ropa, el cabello o el rostro. Ante la ausencia visible de arácnidos, la confusión es inmediata. La realidad es que estas estructuras de seda no pertenecen a arañas, sino a estos mismos insectos en su fase de larva.

Su aparición masiva explica la presencia de estos filamentos en las veredas, ya que las orugas los utilizan para desplazarse con seguridad de una rama a otra o para descender en el momento de buscar un lugar adecuado donde empupar. Es precisamente en esta etapa, cuando se preparan para convertirse en mariposas, que emplean esta misma seda para unir hojas secas y formar pequeños "estuches" o refugios. Estas estructuras se ubican generalmente en las puntas de las ramas más altas, fuera del alcance de depredadores, conformando lo que a simple vista parecen pequeños nidos o masas de hojas secas colgadas.

De esta manera, la próxima vez que camines bajo un árbol que parezca haberse marchitado en cuestión de días, o sientas ese imperceptible hilo de seda en el rostro, ya conocerás la explicación científica detrás de la postal. El ciclo biológico de la Palpita flegia se encuentra en pleno apogeo y nuestras campanillas amarillas están atravesando una dura prueba estacional. Lejos de ser un simple misterio sin respuesta, este fenómeno nos revela las dinámicas naturales que operan silenciosamente en nuestra ciudad. Mientras la Municipalidad avanza con las medidas de control correspondientes, comprender este curioso y destructivo proceso nos permite mirar con otros ojos el ecosistema de nuestras propias veredas.

 

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