La industria del vino en Argentina atraviesa uno de sus momentos de mayor fragilidad. El sector se encuentra en estado de alerta tras conocerse que dos gigantes históricos enfrentan graves dificultades financieras: la bodega Bianchi comunicó una reestructuración de pagos, sumándose a la preocupación generada por Norton, que en octubre se presentó en concurso preventivo de acreedores.
Los números del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) confirman la recesión: entre enero y noviembre, las ventas en el mercado local cayeron un 3,7%, mientras que las exportaciones se desplomaron un 6,8% durante el 2025.
¿Por qué se deja de tomar vino?
Expertos señalan una "tormenta perfecta". Por un lado, hay una tendencia global de cambio de hábitos, especialmente en menores de 40 años, impulsada por las rutinas sin alcohol y las leyes de tolerancia cero al volante.
Pero en Argentina, el factor determinante es el bolsillo. "Cuando el consumidor pierde el poder adquisitivo, deja de priorizar el vino", explicó Mario González, presidente de COVIAR. El vino, otrora un producto diario de la mesa familiar, se vuelve prescindible ante la crisis.
Impuestos y la "trampa" de la clase media
La presión tributaria es otro golpe al mentón: el sector estima que la carga impositiva en Argentina ronda entre el 57% y 62%, mientras que en competidores directos como Chile es apenas del 33% al 42%.
Según la asesora Dolores Lavaque, las bodegas como Norton y Bianchi sufren más porque están en el "medio": no son boutiques con nichos controlados ni gigantes de consumo masivo low-cost.
Sobrestock y salarios bajos
El gremio FOEVA advierte que los salarios perdieron contra la inflación (aumentaron solo 12% en 2025) y se preparan paritarias tensas. Mientras tanto, las bodegas acumulan un peligroso exceso de stock ante la falta de ventas. El temor crece: nadie quiere llegar al extremo de Francia, donde se están eliminando viñedos por falta de rentabilidad.