La cultura argentina atraviesa horas de debate e incertidumbre luego de que la Asociación Federal de Raíces Criollas emitiera un comunicado crítico tras la participación del Chaqueño Palavecino en el Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesús María, donde compartió escenario y actividad institucional con el presidente de la Nación, Javier Milei.
A través de un mensaje difundido públicamente, la entidad expresó su descontento con la actitud del artista y sostuvo que los valores históricos del folklore y de las tradiciones criollas deben estar ligados al pueblo y no al poder político. El pronunciamiento, que sorprendió a muchos por el perfil poco conocido de la asociación, tuvo repercusión en distintos ámbitos culturales y en redes sociales.
La postura adoptada por la organización no tendría un impacto significativo en la trayectoria artística de Oscar Esperanza Palavecino, referente indiscutido del folklore argentino, con más de cuatro décadas de carrera y una presencia constante en los principales festivales del país. El cantante, que inició su camino artístico a los 24 años, continúa vigente y convocando a públicos de distintas generaciones.
Sin embargo, el episodio volvió a poner en discusión el rol de los artistas populares frente a los escenarios políticos y el delicado equilibrio entre expresión cultural, identidad popular y posicionamientos públicos. La controversia reabrió un debate recurrente en la escena nacional sobre hasta dónde debe involucrarse el arte con el poder y cuáles son los límites que marcan las tradiciones y la historia cultural argentina.