Por Dante Luna
El túnel huele a pasto recién regado. Hay uno que entra siempre con el pie derecho. Otro que se ata los botines en un orden exacto. Alguien toca el poste como si fuera un botón de “reiniciar la suerte”. En la tribuna, el mismo ritual de siempre: la remera “de los partidos bravos”, el asiento “que trae gol”, el “no lo digas” cuando el relator se entusiasma.
El fútbol es eso: un laboratorio de azar con gente que necesita creer que no todo depende del azar.
La ciencia (simple) detrás de la fe futbolera
Cuando la presión aprieta, el cerebro pide un salvavidas: algo controlable. La cábala ofrece eso: un gesto repetible que te dice “hice lo mío”. No cambia la trayectoria de la pelota, pero sí puede cambiar tu cabeza: baja ansiedad, ordena el pensamiento, te pone en “modo partido”.
Por eso la superstición no es exclusiva del potrero: aparece con más fuerza cuanto más alto el riesgo. Final, clásico, penales… y ahí el ritual se vuelve religión.
Argentina: país de cábalas (y de utileros pacientes)
En Argentina, la cábala no es un accesorio: es parte del folclore. Y si hay un nombre que funciona como “patrono” del asunto, es Bilardo: el DT que convirtió el vestuario en un mapa de señales, prohibiciones y microrrituales.
Galería argentina de cábalas y manías célebres
Carlos Bilardo y el “no al verde” + números prohibidos: Relatos periodísticos consignan que evitaba el color verde y que los números 13 y 17 quedaban “afuera” del vestuario; la idea se asocia a una lógica antimufa que se transmitió a generaciones.
Maradona DT, heredero de esa escuela: Diego Maradona, ya como entrenador, replicó esa regla de “no verde” y números “malditos” en sus equipos.
Sergio Goycochea y la previa de los penales: Se hizo famosa su cábala de hacer pis en la cancha antes de las definiciones, que él mismo explicó como “necesidad” transformada en ritual.
Manual antimufa para el hincha
Si vas ganando, no publiques el “ya está”.
No cambies “la remera de la suerte” en un partido grande (por las dudas).
En penales: respira y deja de mirar el WhatsApp.
Si alguien te dice “yeta”, contestá con humor: “Yo no mufé, yo informé”.
Si vas a hacer un ritual, que sea sano: nada de arruinarte la vida por una cábala.
La cábala también es identidad: “somos equipo”
Hay una dimensión que explica por qué la superstición es tan masiva: pertenencia. La cábala te mete en el grupo, te da un rol: “Yo aporto desde mi lado”. Por eso se vuelve contagiosa y colectiva.
En FIFA World Cup 2022, por ejemplo, se contaron historias de hinchas que repetían ubicación, rutina y horario como si mover una pieza rompiera el hechizo: la cábala como contrato emocional con el equipo.
La grieta estética: Menotti vs. Bilardo
La famosa tensión entre César Luis Menotti y Bilardo no es solo táctica: es una discusión sobre qué es “jugar bien”, qué se permite para ganar, qué se considera noble o tramposo. En esa pelea cultural, la cábala suele quedar pegada al costado más “pragmático” del fútbol, el que admite todo lo que sume una ventaja, aunque sea psicológica.
Ojo: esto no significa que un estilo “no crea” y el otro “sí”. Significa algo más interesante: la cábala funciona como símbolo. Para algunos es folclore; para otros, manipulación; para otros, simple contención.
En el fondo, la discusión no es “cábala sí o no”. La discusión es: qué hacemos con la incertidumbre, Hay quienes la enfrentan con poesía (“jugamos como sentimos”). Y quienes la enfrentan con un manual (“si el mundo es azar, yo lo ordeno”).
Historia rápida de la cábala argentina
1) El vestuario como laboratorio
En el fútbol argentino, el vestuario no es solo táctica: es liturgia. Y en esa liturgia el utilero es clave: guarda, repite, conserva. Muchas cábalas sobreviven porque alguien se encarga de que sobrevivan.
2) El DT como “director de clima”
Hay técnicos que administran detalles como si fueran un tablero emocional: colores, números, objetos, costumbres. Página/12, por ejemplo, reunió menciones a talismanes y rituales asociados a entrenadores y figuras del folklore futbolero (cuernitos, talcos, amuletos).
3) La tribuna como espejo
Lo que pasa abajo se replica arriba. La cábala se democratiza: si el jugador tiene ritual, el hincha también. Se arma una cadena hermosa y medio delirante: “Si yo repito, ayudo”.
4) La transmisión: el lenguaje antimufa
En la radio y la tele hay un diccionario tácito: no cantar victoria antes de tiempo, no “nombrar la racha”, no decir “esta no se le escapa”. No es superstición religiosa: es respeto por el golpe del fútbol.
5) De “creer” a “pertenecer”
La cábala no siempre busca suerte. Muchas veces busca algo más básico: sentir que sos parte del equipo, aunque estés a mil kilómetros del césped. Eso explica por qué en mundiales explota.
El mundo también cree (aunque se haga el canchero)
La superstición es global. Lo divertido es ver cómo cambia el envoltorio: en Europa suena a “routine”, en Sudamérica a “cábala”, pero el motor es el mismo: buscar seguridad donde no la hay.
Ritual de élite, nervio humano
Laurent Blanc y el beso a la pelada de Barthez (Francia 98): Antes de los partidos, Blanc besaba la cabeza del arquero como ritual de buena suerte; quedó como una de las postales supersticiosas más famosas de un campeón del mundo.
Giovanni Trapattoni y el miedo a ser “yeta”: el DT italiano reconoció ser supersticioso y llegó a considerar no asistir a un sorteo por temor a “invocar” una mala racha.
Johan Cruyff y el gesto previo: la UEFA recopiló supersticiones europeas y menciona el ritual de Cruyff vinculado al chicle antes del partido, como parte de esas “pequeñas liturgias” futboleras.
Gary Lineker y el calentamiento sin tiros al arco: evitaba patear en la entrada en calor para “no desperdiciar goles”; si no marcaba en el primer tiempo, cambiaba la camiseta en el entretiempo.
Cristiano Ronaldo y el orden de entrada: Reuters lo incluye entre los grandes con rutinas supersticiosas.
David Beckham y el orden perfecto: Reuters también lo menciona como emblema del ritual de control, con hábitos de orden casi obsesivo.
Un DT moderno y su “bebida fija”: Reuters cuenta que el DT alemán Julian Nagelsmann mantiene la misma bebida energizante “hasta que se pierde”, y recién ahí cambia: superstición con lógica de botón de reset.
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Cábalas famosas de mundiales (para coleccionar)
Francia 1998: El beso de Blanc a Barthez.
Italia 2006: Notas y compilaciones de prensa británica mencionan supersticiones de Gennaro Gattuso durante el torneo (ropa repetida, valija lista “por las dudas”, etc.) y también rituales atribuidos a Bobby Moore en su época.
Sudáfrica 2010: El fenómeno Paul the Octopus como “oráculo” popular que disparó supersticiones globales.
Qatar 2022: Cábalas de hinchas argentinos (mismo lugar, misma rutina, “no cambiar nada”), contadas en crónicas periodísticas.
Francia 2006–2010 (ciclo Domenech): La astrología como marca de época.
¿Y funciona?
Funciona… para lo que realmente busca. La cábala no altera el destino, pero puede alterar tu estado mental. En deportes de precisión emocional (sí, el fútbol lo es), eso importa.
El riesgo es cuando la cábala se vuelve tirana: si empezás a creer que sin ese ritual “no podés”, la suerte se transforma en cadena. La versión sana es la que entiende el truco: es un ancla, no un volante.
10 cábalas típicas de vestuario (y de tribuna)
Entrar con el mismo pie.
Tocar el poste o el césped.
Botines: siempre el mismo orden al atarlos.
Medias “de la victoria” (aunque pidan jubilación).
No pisar determinadas líneas en el túnel.
Sentarse siempre en el mismo lugar (microterritorio).
Comer “lo mismo de siempre” antes del partido.
Repetir una canción/playlist “ganadora”.
No hablar de rachas (“no lo nombres”).
En penales: ritual personal (respirar, mirar fijo, frase interna).
El fútbol es una fábrica de incertidumbre: un rebote decide un campeonato, un resbalón te cambia una vida. Por eso, en el mismo vestuario donde hay GPS, nutrición, videoanálisis y big data, también hay un beso a una pelada, un número prohibido, un orden de botines y un “no mufes”.
La pelota no cree en nada. Pero nosotros sí. Y en el fondo, esa es la cábala más universal: la esperanza con camiseta.