El Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, atraviesa su momento de mayor debilidad ante la opinión pública desde que asumió el cargo. Según un adelanto de un informe de consultoría política, el funcionario registra un nivel de imagen negativa superior al 70%, una cifra que refleja un desgaste acelerado en medio de la creciente conflictividad política y judicial que rodea a la gestión nacional.
El estudio detalla que solo un 16% de los encuestados mantiene una percepción positiva sobre el ministro coordinador. Este descenso sostenido coincide con su reciente exposición en la Cámara de Diputados, donde, a pesar de defender el rumbo del Ejecutivo y negar irregularidades en la administración de fondos, debió enfrentar duros cuestionamientos de las bancadas opositoras por el impacto del ajuste y la falta de gestión en áreas sensibles.
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El desafío de la comunicación oficial
Más allá de la figura personal de Adorni, el análisis advierte sobre un problema estructural en la arquitectura política del oficialismo. La falta de figuras intermedias con alto consenso genera un vacío que obliga al propio Presidente a exponerse de manera directa en la comunicación diaria, lo que aumenta el riesgo de un desgaste prematuro de la figura presidencial.
Especialistas en comunicación política señalan que el rol de Adorni, quien concentra gran parte de la vocería oficial, se ha vuelto un pararrayos que ya no logra contener las críticas externas. Con niveles de desaprobación tan elevados, el Gobierno enfrenta el desafío de oxigenar su gabinete o modificar su estrategia discursiva para evitar que el desplome de la imagen del Jefe de Gabinete arrastre la confianza general en la administración.