Una joven identificada como Anto relató en sus redes sociales un grave hecho de acoso sexual que sufrió al salir de un gimnasio ubicado en inmediaciones del tercer pasaje y avenida Colón, en el barrio Huaico Hondo. Su testimonio generó fuerte repercusión y abrió nuevamente el debate sobre la violencia sexual en el espacio público y la culpabilización de las víctimas.
Según contó, el episodio ocurrió cuando se retiraba del gimnasio y un hombre comenzó a hablarle de manera insistente. Anto explicó que iba distraída con su celular y no le prestó atención, pero al llegar a la esquina y doblar, se encontró con el sujeto de frente.
“Se empezó a masturbar mientras me miraba. Cuando vio que yo lo vi, arrancó su moto y se fue”, expresó.
El hecho, que ocurrió en la vía pública, provocó en la joven una mezcla de emociones que van desde la bronca hasta la impotencia y la tristeza. Sin embargo, lo más doloroso —según relató— fue la sensación de culpa que apareció inmediatamente después.
“Me sentí culpable por ir con una calza deportiva apretada y corta, me sentí culpable por ir con un top deportivo, me sentí culpable por ser mujer”, escribió.
En su descargo, Anto fue contundente al reflexionar sobre lo sucedido:
“No, yo no tendría que sentirme culpable. El que está mal es él”.
El relato volvió a poner en evidencia una problemática recurrente: el acoso sexual callejero, una forma de violencia que muchas mujeres padecen a diario y que suele quedar invisibilizada o minimizada. Además, expuso cómo muchas víctimas internalizan la responsabilidad de hechos que son claramente delitos o conductas aberrantes.
“Siento un rechazo, una impotencia y una tristeza”, concluyó la joven, al tiempo que pidió a otras mujeres que estén atentas y se cuiden.