Por Gabriel Alvarez:
Estamos cerrando la semana con un déjà vu insoportable. ¿Se acuerdan de las novelas de antes que te vendían "escenas del próximo capítulo" para estirar una trama que no iba a ningún lado? Bueno, bienvenidos a la nueva temporada de "Adornilandia" el mundo de Manuel, una serie donde el suspenso no está en lo que va a pasar, sino en por qué todavía no pasó lo que debería ser obvio.
Es increíble. El Gobierno tiene finalmente algunos números para festejar —la industria asomando la cabeza, la construcción respirando, YPF ganando plata como nunca— y, en lugar de estar descorchando por la gestión, tenemos que fumarnos a Manuel Adorni en un streaming para amigos. Una entrevista que no fue otra cosa que un festival de la intransigencia y, para ser generosos, un papelón tras otro.
Menos "likes", más declaraciones juradas
Adorni se pasea por los micrófonos amigos como si estuviera en una juntada, pero cuando le preguntan por los papeles, tira la pelota afuera. Dice que "ya se sabía" que iba a presentar su declaración jurada. Mirá qué bien. Manuel, si tenías los documentos, los mostrabas el lunes en la conferencia de prensa y nos ahorrabas el programa de chimentos.
A esta altura, a Adorni no hay que pasarlo por un detector de metales antes de entrar a la Rosada; hay que pasarlo por un detector de declaraciones juradas. Pedimos menos soberbia de pedestal y más transparencia de funcionario. La Argentina no está para "argumentos" creativos sobre cómo heredaste el 33% de un lote en La Plata; está para que muestres los números y cierres el tema. Si estás flojo de papeles, un paso al costado, y si está todo bien, volvés. Pero amenazar con "el futuro" mientras el presente te quema las manos es, por lo menos, infantil.
El "678" con peluca
Lo más gracioso (o triste, según cómo se mire) es ver el nacimiento del Club de Amigos Mileístas. Son los mismos que se indignaban —con razón— con las asquerosidades militantes de 678 o Duro de Domar, pero que ahora arman su propia unidad básica digital para justificar cualquier mancha.
Ahora la excusa es: "Ay, qué rápida es la Justicia con Adorni y qué lenta con Insaurralde". Muchachos, la Justicia tiene que ser un rayo con todos. Defender una presunta corrupción propia para "combatir" la ajena no es épica, es complicidad. Criticar este mamarracho no nos hace kirchneristas; nos hace gente con memoria. Parece que el muro ético que prometieron construir contra el pasado se está transformando en una medianera de jardín que cualquiera salta con un par de posteos.
Mientras el vocero juega a ser influencer y el Gobierno cree que puede seguir dándole bofetadas a la credibilidad con estos escándalos de cotillón, se equivoca. Hoy no hay oposición, es cierto, pero el hambre de transparencia de la sociedad no espera a que aparezca un candidato en el 2027.
Adorni sigue en su nube, convencido de que, valga la redundancia nos va a convencer con palabras lindas, look humilde y poses de streaming. Pero la realidad es más terca que un vocero sin papeles: en la función pública, cuando no hay documentos, lo que sobran son sospechas. Menos "Adornilandia" y más República, que para cuentos ya tuvimos demasiados años.






