Para la escena musical de nuestra provincia, la irrupción de este proyecto solista representa una grata sorpresa y un espacio de madurez compositiva. Durante la entrevista, los oyentes y seguidores digitales pudieron descubrir una faceta mucho más introspectiva de Otinetti, quien desmitificó los rumores de una ruptura definitiva con su anterior agrupación y, en su lugar, abrió su corazón para explicar el valor del silencio, el cuidado de la voz y la necesidad de reencontrarse con los estímulos primarios que lo llevaron a abrazar las canciones desde su más tierna infancia.
Un receso necesario y la búsqueda del alma
El anuncio de un camino en solitario siempre genera interrogantes en el público masivo. Ante la pregunta obligada sobre cómo transita este presente, el invitado no ocultó su plenitud emocional. Con respecto a su actualidad, el músico remarcó: “Muy feliz, viviendo esta etapa con mucha emoción y tranquilidad también. Con La Mistik no tomamos caminos separados, sino que estamos atravesando un receso artístico donde cada uno está explorando su propia música, algo que también es necesario para el alma y para el cuerpo”.
Esta pausa compartida llega luego de un período de altísima exposición y exigencia física que terminó pasando factura en la salud del cantante, volviendo indispensable un cambio de ritmo. En relación a las razones que lo empujaron a volcarse a este formato íntimo, Otinetti explicó ante los micrófonos de la radio: “Veníamos de dos años de mucho trabajo y muchísimos ensayos y proyectos. En mi caso, también acarreaba un tema de salud vocal, este proyecto solista me permite mostrar otra faceta artística, conectar desde un lugar más personal y seguir creciendo sin perder la esencia de todo lo que venimos construyendo”.

El disparador de “La casa”: Una experiencia personal
El hilo conductor de este nuevo material discográfico en el que se encuentra trabajando intensamente está anclado a un hecho real que conmovió los cimientos de su historia familiar. El disco lleva por título “La Casa”, un nombre que encierra una carga simbólica inmensa.
“Nace a partir de una experiencia muy personal: después de 18 años volví a visitar la casa donde me crié junto a mi abuela, mi mamá y mi hermano. Hacía mucho tiempo que no regresaba a ese lugar y el encuentro fue un verdadero disparador de emociones”, confesó el artista ante la audiencia.
Ese choque frontal entre el recuerdo idílico de la infancia y la fisonomía actual del lugar geográfico disparó una serie de cuestionamientos filosóficos que terminaron transformándose en acordes y poesía. Al describir ese instante de quiebre, Álvaro Otinetti señaló conmovido: “Por un lado, fue reencontrarme con recuerdos, sonidos, aromas y momentos que forman parte de mi historia. Pero al mismo tiempo fue descubrir que aquella casa que habitaba en mi memoria ya no era la misma. Y ahí apareció una pregunta muy profunda: ¿qué es realmente una casa? ¿Son las paredes, los objetos o las personas que la llenaron de vida?”.
“A partir de esa búsqueda fueron surgiendo las canciones. Es un trabajo muy atravesado por la memoria, la familia, las raíces, la nostalgia y también por la transformación. Porque, en definitiva, todos volvemos alguna vez a los lugares que nos hicieron quienes somos, aunque al regresar ya no los encontremos iguales. A la vez es ver o, mejor dicho, vernos, si los que hemos cambiado fuimos nosotros o cómo hemos sido atravesados por el tiempo!”.
El valor del tiempo y el costo de la independencia
La creación de un álbum conceptual no solo demanda inspiración, sino también una ingeniería de recursos y una paciencia metodológica que el músico respeta a rajatabla. Respecto al estado actual del disco y las vicisitudes de la producción independiente, Álvaro Otinetti detalló: “Todavía es un trabajo que está en proceso; la idea es terminarlo a fin de año, ya que sigue buscando su camino para llegar a ser lo que tiene que ser. Crear un disco implica un enorme esfuerzo económico, pero también una gran búsqueda artística y personal. Y en este caso en particular, al tratarse de un material tan íntimo, requiere además algo muy importante: tiempo para sentir, reflexionar y tomar decisiones”.
La red afectiva: Nadie construye en soledad
Detrás de todo solista hay un entramado invisible de voluntades que sostiene el proyecto cuando las fuerzas flaquean o los presupuestos se vuelven esquivos. El compositor santiagueño es plenamente consciente de que este viaje no se realiza de forma aislada, y aprovechó el aire radial para poner en valor el rol que juegan sus afectos más cercanos en cada jornada de grabación.
“Y, por supuesto, nada de esto se construye en soledad. Hay amigos músicos, colegas, mi familia y personas muy cercanas que aportan permanentemente su mirada, su escucha, su acompañamiento y su cariño. Cada uno, desde su lugar, forma parte de este viaje y ayuda a que La Casa siga creciendo y tomando forma”, manifestó Otinetti, evidenciando que el disco se ha transformado en una suerte de construcción colectiva donde el afecto y el respeto profesional son el principal combustible.







