La confianza de los consumidores estadounidenses en la economía cayó en septiembre a su nivel más bajo en más de una década. De acuerdo con el último informe difundido por el Conference Board, el índice se desplomó 6,7 puntos hasta situarse en 81,9, alcanzando la marca más baja registrada en la encuesta desde abril de 2014. El pesimismo de las familias está impulsado por el encarecimiento constante del costo de vida, el estancamiento de los ingresos salariales y los efectos económicos del conflicto bélico en Oriente Medio.
El deterioro en la percepción pública se da en un escenario signado por la aceleración inflacionaria y el aumento en el precio de los combustibles. El Índice de Precios al Consumidor trepó un 3,4% interanual, impulsado por subas generalizadas en alimentos, servicios, electrodomésticos y una gasolina que promedia los 4,46 dólares por galón. Frente a esta escalada, la Reserva Federal elevó recientemente su tasa de interés de referencia al 3,9%, incrementando los costos de endeudamiento para créditos e hipotecas en todo el país.
Por su parte, el mercado laboral muestra señales mixtas en vísperas de las elecciones de mitad de mandato. A pesar de que la creación de puestos de trabajo repuntó en agosto con 162.000 nuevos empleos y el desempleo se mantuvo en un 4,1%, la suba salarial promedio del 3,1% resultó la más débil desde mayo de 2021. De esta manera, el estancamiento de los ingresos frente al avance continuo de los precios condiciona la capacidad de consumo y agudiza la inquietud en los hogares norteamericanos.






