El comportamiento de los precios minoristas durante el quinto mes del año consolidó una tendencia a la baja en su ritmo de crecimiento, aunque sin alcanzar los objetivos más optimistas del equipo económico nacional. De acuerdo con los relevamientos de alta frecuencia que procesan los principales centros de análisis macroeconómico del país, la inflación general de mayo se posicionó en un rango que oscila entre el 2,1% y el 2,5%, marcando una desaceleración respecto al indicador oficial registrado en el mes de abril.
El informe de las canastas básicas demuestra que, pese a la vigencia del esquema de anclaje cambiario y la fuerte recesión impositiva que deprime el consumo masivo, la división de Alimentos y Bebidas No Alcohólicas continuó operando como el principal vector de resistencia a la baja. Las mediciones sectoriales encendieron alarmas debido a incrementos puntuales en los precios de las verduras de estación, los productos lácteos y los cortes de carne vacuna, elementos que explican la rigidez del índice para perforar el piso del dos por ciento mensual.
“El freno en la velocidad de los precios refleja la caída del consumo interno, pero las tarifas de los servicios públicos y los frescos impiden un descenso más pronunciado.”
Ajustes de tarifas y el impacto en la canasta familiar
Al componente estacional de los alimentos se sumaron los incrementos pautados en los cuadros tarifarios de los servicios regulados. Durante el mes de mayo impactaron de forma directa las actualizaciones en las boletas de gas natural y energía eléctrica, así como también las subas en los combustibles líquidos y los servicios de medicina prepaga. Estos ajustes de costos fijos tuvieron un efecto arrastre de segunda ronda, encareciendo los procesos de logística y distribución hacia las góndolas de los comercios de cercanía y supermercados.
Los analistas anticipan que la dinámica inflacionaria del próximo mes mantendrá una tónica de tensiones cruzadas por la estacionalidad invernal. Mientras el Palacio de Hacienda nacional pondera la desaceleración interanual como una señal de ordenamiento macroeconómico, los comercios santiagueños reportan que las familias operan con estrategias de extrema restricción y sustitución de primeras marcas por alternativas económicas para contrarrestar la pérdida sostenida del poder adquisitivo de los salarios.







