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¿La inteligencia artificial puede hacernos pensar menos? El estudio que alerta sobre la dependencia cognitiva

Un trabajo aún no revisado por pares analiza cómo el uso excesivo de modelos de lenguaje podría favorecer la dependencia y reducir la autonomía cognitiva. Los autores no proponen abandonar la IA, sino aprender a utilizarla sin sustituir el pensamiento propio.

¿La inteligencia artificial puede hacernos pensar menos? El estudio que alerta sobre la dependencia cognitiva
El estudio plantea la idea de una “inmunización cognitiva”: utilizar la inteligencia artificial como herramienta de apoyo mientras se mantienen activas habilidades como razonar, verificar, escribir y resolver problemas.

La inteligencia artificial puede redactar, resumir, traducir, programar, planificar y hasta ayudar a tomar decisiones en cuestión de segundos. Pero ¿qué ocurre cuando una persona comienza a delegarle cada vez más tareas que antes requerían su propio esfuerzo intelectual? Un grupo internacional de científicos utilizó una provocadora comparación para estudiar ese escenario: los modelos de lenguaje podrían comportarse, a nivel social, como una especie de “virus cognitivo”.

La expresión forma parte de un trabajo divulgado en ArXiv que todavía no fue sometido a revisión por pares, por lo que sus conclusiones deben interpretarse como una propuesta teórica y no como evidencia definitiva de que utilizar inteligencia artificial deteriore el cerebro.

De hecho, los propios investigadores aclaran que no consideran a la IA una enfermedad ni sostienen que cada interacción con herramientas como ChatGPT o Claude provoque una pérdida de capacidades.

El planteo apunta a algo diferente: analizar qué puede suceder cuando la delegación de tareas intelectuales se vuelve generalizada y comienza a reemplazar sistemáticamente procesos como leer, escribir, verificar información, argumentar o resolver problemas por cuenta propia.

Por qué hablan de un “virus cognitivo”

El trabajo fue elaborado por investigadores entre los que se encuentran Ricard Solé, de la Universitat Pompeu Fabra; Giulio Ruffini, vinculado a BCOM y Neuroelectrics; y Michael Levin, de la Universidad de Tufts y el Instituto Wyss de Harvard.

Los científicos recurrieron a modelos matemáticos utilizados en epidemiología para analizar cómo determinadas conductas vinculadas con los grandes modelos de lenguaje (LLM) pueden difundirse socialmente.

La analogía con un virus se refiere, por lo tanto, a la dinámica de propagación, no a que la tecnología sea biológicamente infecciosa.

Las personas aprenden unas de otras, las empresas incorporan herramientas que luego utilizan sus empleados, las escuelas adoptan determinadas prácticas y los comportamientos que parecen exitosos tienden a reproducirse.

El modelo diferencia entre personas no conectadas, usuarios de estas herramientas y quienes podrían desarrollar una dependencia persistente de la asistencia tecnológica.

Según la hipótesis, podría existir un punto crítico a partir del cual la delegación constante de tareas cognitivas se retroalimente: cuanto menos se ejercitan determinadas capacidades, más atractivo y sencillo resulta volver a delegarlas en la IA.

El problema no sería usar IA, sino qué dejamos de hacer

Este punto resulta central para interpretar correctamente el estudio.

Los investigadores reconocen que los modelos de lenguaje ofrecen beneficios importantes en productividad, acceso al conocimiento y exploración de información.

El riesgo aparecería cuando dejan de funcionar como un apoyo y pasan a sustituir sistemáticamente el trabajo intelectual que permite conservar determinadas habilidades.

No sería lo mismo, por ejemplo, utilizar una IA para obtener perspectivas que después serán analizadas críticamente que pedirle directamente que resuelva una tarea y aceptar su respuesta sin comprenderla ni verificarla.

El trabajo contrapone así dos modelos: la IA como andamiaje y la IA como sustitución.

En el primer caso, la tecnología amplía las capacidades humanas. En el segundo, puede reemplazar justamente aquellas operaciones cognitivas que necesitan ejercitarse para mantenerse.

Qué es la “inmunización cognitiva”

Frente a este escenario, los autores utilizan otro concepto tomado metafóricamente de la epidemiología: la “inmunización cognitiva”.

No significa dejar de utilizar inteligencia artificial.

La propuesta consiste en mantener activas las prácticas que sostienen el pensamiento autónomo, incluso cuando existe una herramienta capaz de realizar esas tareas más rápidamente.

Entre las estrategias mencionadas aparecen resolver algunos problemas sin asistencia, verificar información por otras vías, mantener discusiones críticas, conservar habilidades independientes de la IA y establecer momentos deliberados de desconexión.

En educación, el desafío sería diseñar experiencias donde la inteligencia artificial acompañe el razonamiento sin completar automáticamente todo el proceso intelectual del estudiante.

La autonomía cognitiva, según este enfoque, tampoco depende únicamente del individuo. Escuelas, universidades, lugares de trabajo e instituciones cumplen un papel importante porque crean espacios donde leer, escribir, debatir, comprobar y resolver problemas continúa teniendo valor.

Cómo utilizar la IA de una manera más saludable

Otros especialistas citados en el análisis coinciden en una idea: la inteligencia artificial debería potenciar el pensamiento humano y no convertirse automáticamente en su reemplazo.

Una de las estrategias consiste en preservar cierta “fricción mental”. Es decir, no recurrir inmediatamente a una respuesta automática cada vez que aparece una dificultad.

También resulta importante aprovechar el tiempo que la IA libera de tareas rutinarias para aprender, investigar, mejorar procesos o desarrollar habilidades de mayor complejidad, en lugar de simplemente delegar cada vez más actividades.

Otra alternativa consiste en utilizar asistentes de IA que hagan preguntas, cuestionen argumentos, señalen inconsistencias u orienten el razonamiento, en vez de solicitar siempre una solución terminada.

En paralelo, habilidades profundamente humanas como la comunicación interpersonal, la negociación, la improvisación, la interpretación del contexto y el pensamiento crítico continúan teniendo un valor central.

Una advertencia, no una sentencia contra la IA

El concepto de “virus cognitivo” puede resultar impactante, pero el propio trabajo establece límites importantes.

Se trata de un modelo teórico aún sin revisión por pares, y no de una demostración de que los usuarios de inteligencia artificial estén perdiendo inevitablemente capacidades cognitivas.

Tampoco plantea que la solución sea rechazar estas tecnologías.

La discusión propuesta por los científicos pasa por qué tipo de relación construimos con ellas: una en la que la IA extienda nuestras posibilidades o una en la que progresivamente dejemos de ejercitar las capacidades que delegamos.

En definitiva, la recomendación puede resumirse en una idea sencilla: usar la inteligencia artificial para pensar mejor, no para dejar de pensar.

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