A pocas horas del partido inaugural entre México y Sudáfrica, pautado para las 16:00 (hora de Argentina), la presidenta Claudia Sheinbaum intentó llevar tranquilidad a la población afirmando que “está todo bajo control”. Sin embargo, la mandataria decidió no asistir al palco oficial del estadio y optó por seguir el encuentro desde el Zócalo o en alguna de las 18 sedes alternativas montadas ante posibles bloqueos.
Las calles de la capital evidencian el descontento social. En los últimos días, los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), quienes llevan una semana en huelga por mejoras salariales, protagonizaron duros choques con las fuerzas policiales e incluso vandalizaron las estatuas decorativas dispuestas en el Paseo de la Reforma.
Una convergencia de reclamos en la vía pública
La preocupación de la FIFA y de las autoridades locales radica en la gran cantidad de sectores que unificarán sus fuerzas en las inmediaciones del mítico escenario deportivo:
Docentes de la CNTE: Exigen la derogación de la ley de pensiones y un incremento en sus haberes básicos.
Familiares de desaparecidos: Agrupaciones civiles y los padres de los 43 estudiantes de Ayotzinapa marcharán para recordar a las víctimas de la violencia.
Productores y transportistas: Reclaman precios justos para el maíz y mayores condiciones de seguridad en las rutas federales.
“No hemos renunciado a llegar al estadio”, advirtió Pedro Hernández Morales, referente de la sección 9 del gremio docente, anticipando una jornada de alta complejidad logística. Mientras el oficialismo atribuye la agitación a una provocación de sectores de la ultraderecha, la oposición advierte sobre una situación de peligrosa ingobernabilidad que podría ensombrecer la jornada de apertura de la gran cita del fútbol internacional.






