Nacido en Galípoli, Italia, el 19 de abril de 1945, llegó a la Argentina con apenas tres años y se radicó junto a su familia en la localidad bonaerense de Banfield. En su juventud transitó brevemente por el Seminario de Devoto con la intención de ser sacerdote, pero fue allí donde, en 1964, grabó sus primeras interpretaciones que marcaron el inicio de su camino artístico.
Tras incursionar en la televisión y en los círculos musicales de la época, su vida dio un giro definitivo en 1968 al conocer al escritor José Tcherkaski, con quien fundó una dupla creativa inagotable. Juntos dieron forma a canciones que trascendieron fronteras y generaciones. Con una voz cálida pero filosa, Piero encarnó la canción de protesta y el compromiso social en tiempos convulsos, buscando un rumbo propio alejado de los moldes tradicionales.
Temas como "Juan Boliche", "Canción a Magdalena" y "Pedro Nadie" —con el que obtuvo en 1970 el primer puesto en el Festival Internacional da Canção de Río de Janeiro, siendo el primer argentino en lograrlo— cimentaron su estatus de referente. Su postura ideológica y sus letras de fuerte contenido social, cristalizadas en discos como Coplas de mi país, le valieron la persecución y el exilio obligado entre 1976 y 1981 durante la última dictadura militar.
El regreso, la democracia y su cercanía al rock
De regreso al país con el retorno de la democracia en 1983, Piero se reinventó musicalmente al incursionar en las ramas del rock nacional de la mano de su grupo Prema, pisando con la misma naturalidad escenarios como el estadio de Obras o Atlanta, donde entonaba junto a multitudes su clásico "Para el pueblo lo que es del pueblo".
Su legado también se nutrió de la esperanza y la paz. Junto a Mercedes Sosa popularizó el inmortal "Soy pan, soy paz, soy más", un himno de comunión latinoamericana. A lo largo de su trayectoria exploró además la faceta ecológica, impulsando huertas orgánicas —etapa ligada a su estadía en España—, y abogó por los derechos de la infancia en un disco doble que reunió a figuras de la talla de David Gilmour, León Gieco, Joaquín Sabina y hasta Diego Maradona.
En el plano institucional, su compromiso social lo llevó a desempeñarse como Secretario de Cultura de la Provincia de Buenos Aires durante la gestión de Eduardo Duhalde, además de recibir la ciudadanía colombiana en reconocimiento a su labor humanitaria en el país cafetero.
Piero se va dejando una huella imborrable en la memoria colectiva de los argentinos. Su música, su sensibilidad social y su inconfundible sonrisa quedarán grabadas para siempre en la historia grande de la cultura nacional.