Por Ariel Sequeira
Con Federico Sturzenegger herido en un ala, la mesa chica libertaria lo quiere lejos del centro de atención pública; su fallida ley de inviolabilidad de la propiedad privada fue un duro revés para la Casa Rosada. Con todas en contra, solo lo sostiene -y sería más que suficiente- Javier Milei contra viento y marea, aunque los últimos antecedentes de José Luis Espert y Manuel Adorni lo embargan de intranquilidad, al menos es lo que corre por los pasillos de la casa de gobierno. Aunque la desechada ley de extranjerización no sería el único lastre que arrastra el funcionario responsable del desguace del Estado. Ahora se sumaría una reforma a la ley del libro y otra en materia educativa, que ya cosecharon fuertes rechazos.
Ambos proyectos hoy se sabe que nunca fueron tratados en la mencionada mesa chica libertaria, fueron jugadas de prensa del propio Sturzenegger. Algunos consideraron que fueron globos de ensayo, otros meras bravatas ante el poder del “Jefe” y sus aliados más íntimos -léase los Menem-, que lejos de posicionarlo en cierto nivel, lo diluyeron en imagen y poder ante el propio Milei.
¿Qué dice el proyecto de marras? La idea del oficialismo sería derogar la Ley 25.542 de Defensa de la Actividad Librera (conocida también como la Ley del Libro), que está vigente desde 2001. Su objetivo sería eliminar el precio uniforme de venta al público en todo el país.
Sobre esta posible reforma libertaria, el secretario de la Federación Gráfica Bonaerense, Matías Velázquez, aseguró que el proyecto Sturzenegger es dañino para la cultura, la industria y el comercio de libros en el país. “La gente tiene que saber que esos libros que se escriben, que se editan y que pasan a las librerías, son producidos por trabajadores tanto del sector de la madera, del papel y del gráfico”, explicó.
El gremialista no dejó de denunciar el impacto directo que dicha norma -si se sanciona- tendría sobre los puestos de trabajo del sector. Ejemplificó su denuncia al señalar que sólo en 2001 se publicaron 23 millones de libros nacionales, mientras que para 2014 la edición alcanzó la cifra récord de 129 millones de ejemplares. Dicha cifra equivaldría a tres libros por cada habitante del país. Este fenómeno no sería único, dado que durante el segundo gobierno de Juan Domingo Perón se habrían alcanzado metas similares. El correlato en el sector Pyme es claro: durante esos años y bajo la ley vigente, se habrían invertido unos 1200 millones de dólares en la industria gráfica.
Como se sabe, en el presente la industria nacional está muy dañada, obvio que el sector gráfico no está indemne. De aquellas cifras récord antes mencionadas, en los últimos dos años y un poco más de la gestión Milei, apenas se editaron unos 30 millones de libros.
El sector, al defender el libro, asegura que también están defendiendo los puestos de trabajo que se vinculan con la actividad. Sturzenegger, herido sí, pero lejos del óbito, ya mostró su juego. Las cartas están sobre la mesa y la oposición creciente estaría velando las armas para rechazar ese proyecto. Mientras tanto, la mesa chica mileísta intenta no volver a cometer los mismos errores, por eso analizaría muy bien cada movimiento a dar en los días por venir, para no volver a dar otro paso en falso.






