El debate sobre los formatos de enseñanza y las limitaciones de la estructura tradicional se instaló en la agenda pública. En diálogo exclusivo con Radio LV11, la licenciada en Educación y directora escolar Giselle Arduino desglosó el fenómeno del homeschooling (educación en el hogar), su estatus legal en el país y las razones profundas que empujan a muchas familias a tomar la decisión de retirar a sus hijos de las aulas formales.
Vacío legal, selección de contenidos y "escuelas sombrilla"
Al ser consultada sobre el marco normativo que rige esta tendencia, la especialista fue categórica al señalar que no se trata de una modalidad reconocida. "Para la República Argentina es algo que todavía no está regulado. Nuestra Ley Nacional de Educación (N° 26.206) no lo contempla. Es la decisión de los papás de desescolarizar a sus niños de la educación obligatoria formal para hacerse cargo de su formación, sin una institución que medie y sin el Estado que regule", explicó.
Esta falta de reglamentación expone severas complejidades burocráticas y pedagógicas, fundamentalmente cuando los chicos intentan reinsertarse en el nivel secundario o superior. Arduino detalló que los padres suelen guiarse de forma autónoma por los diseños curriculares públicos o recurren a plataformas internacionales:
"Existen las denominadas 'escuelas sombrilla', que nacieron en Estados Unidos y Europa. Son instituciones que dictan clases a distancia mediante la virtualidad y emiten una acreditación o título extranjero. He conocido casos locales de familias con niños con condiciones del espectro autista o Asperger que, tras experiencias poco satisfactorias en la escuela común, optaron por este sistema regulado desde el exterior".
Sin embargo, alertó que se trata de una "práctica muy de élite" que requiere recursos económicos, conectividad y un capital de tiempo con el que no todas las familias cuentan en el contexto actual del país.
El bullying y la formación socioemocional como detonantes
Como directora de la Escuela Juan Pablo II, Arduino reconoció que la disconformidad con el sistema tradicional suele fundamentarse en dos grandes causales: la falta de una oferta pedagógica que coincida con los valores familiares y, de manera más alarmante, las problemáticas de convivencia escolar como el bullying o la falta de adaptaciones reales de inclusión.
A pesar de comprender el sufrimiento de los padres, la licenciada marcó una debilidad estructural en el aislamiento doméstico: la pérdida del grupo de pares. "La escuela no solo enseña contenidos específicos. El sistema ayuda a desarrollar habilidades socioemocionales y comunicativas que solo se aprenden con los iguales. De hecho, muchos especialistas coinciden en que, al llegar a la adolescencia, son los mismos chicos quienes piden volver a la escuela común por una necesidad de pertenencia" afirmó.
Hacia un modelo bimodal y la humanización del aula
A partir de su experiencia profesional y personal —como madre de una joven con discapacidad—, la invitada llamó a reflexionar sobre el verdadero significado de la integración, sugiriendo alternativas flexibles como la bimodalidad (asistencia compartida entre la escuela común y la escuela especial) para trayectorias complejas en las que el alumno no logra avanzar o socializar plenamente en jornadas de cuatro horas estrictas.
Finalmente, la especialista instó a no abandonar el rol protector del sistema público. "Soy una defensora de que el Estado siempre tiene que ser garante de la educación. Si surge la necesidad en las familias, habrá que evaluar si se amplían las modalidades por ley, pero el Estado debe fiscalizar para asegurar el derecho superior del niño. El gran desafío actual del sistema tradicional es, sin dudas, humanizar las escuelas y centrarlas verdaderamente en el alumno", concluyó.







